La sociedad española está ante el mayor desafío para su futuro: ¿qué valores, esperanzas e ilusiones, quiere trasmitir a las nuevas generaciones? Ahora no educan principalmente las familias ni los colegios, ni la escuela ni la Iglesia, que siempre fueron educadores personales, identificados y responsables de lo que transmitían. Hoy educa la sociedad desde el anonimato de informaciones, productos, ofertas, promesas. La calle, la noche, la música, la televisión ponen a los sujetos ante un mundo virtual que cada vez los distancia más y los hace más incapaces para vérselas con el mundo real, el único que existe con el dolor y el amor, la verdad y la muerte, el pan y el prójimo. Ahora existe una sima abierta entre dos mundos: lo que la sociedad privilegia y premia, y lo que las instituciones intentan enseñar. Lo público vigente contradice lo enunciado como verdadero, valioso y digno en la escuela. Y al final la escuela deja de enseñarlo y se imponen vigencias anónimas y fuerzas competitivas, al margen de la persona, su dignidad y principios. En tal situación es inhumano que haya que proponer la vocación educativa para héroes o quede sólo como un medio de vida, y no de ilusión al mismo tiempo.
Elogio y elegía por un profesor, Olegario González de Cardedal (ABC, 21/09/08)
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